- XLII - A su desengaño Llego de la tinieblas reducido a ti, Deidad que alumbras los mortales, mal borradas del rostro las señales no bien del cautiverio redimido. Y la soberbia imagen de Cupido, fingida en el mejor de los metales, arrojo despreciada a tus umbrales, por glorioso trofeo del olvido. Si llegare a tu Templo el dueño hermoso, que despreciando los aplausos míos, adora otros ingratos pensamientos. El ídolo le muestra fabuloso, tan venerado de mis desvaríos, tan ultrajado de mis escarmientos.