- LXXXVII - A una inundación que hizo grandes estragos en la ciudad de Valladolid Era Ciudad Augusta, Imperial era este horror a desierto semejante, pudo a líquidas ondas un instante, lo que a siglos el tiempo no pudiera. Menos atroz el elemento fuera, sino borrara a partes lo elegante, y el todo de la fábrica flamante, a general diluvio redujera. Cuando son pena, o mérito los males, cuando conviene el golpe, o el amago, no le penetra la mortal fatiga. O providencia, oculta en las señales, en la felicidad, y en el estrago, se ignora si regala, o si castiga.