- XLIX - A una dama que, no siendo muy escrupulosa, dijo que dejaba de querer a un hombre por no pecar Aunque el amor, o Lisida, podía, en fe de ciego, persuadir errores, no te propongo (como bien) que adores los ídolos que sigue mi porfía. Que guardes si la escasa valentía para logro de méritos mayores, y avara de otros males atesores, culpas que apliques a la pena mía. Que si a más de un precepto se reduce la ley, y en los que pródiga dispensas menos sencilla, y regular te mueves. Fiel es la persuasión, cuando te induce no a cometer, a conmutar ofensas, por las más disculpadas, y más leves.