- I - A las cenizas de un amante puestas en un reloj de arena Esta que te señala de los años las horas de que gozas en empeño, muda ceniza, y, en cristal pequeño, lengua que te refiere desengaños, un tiempo fue Lisardo, a quien engaños de Filis, su querido ingrato dueño, trasladaron del uno al otro sueño: prevente, huésped, en ajenos daños. En tanto estrecho al miserable puso el incendio de amor y la aspereza de condición esquiva y desdeñosa. Póstumo el polvo guarda el primer uso inobediente a la naturaleza: padeció vivo, y muerto no reposa.