- XXXIX - Dejándose llevar de su pasión seguro de ella Pensando que el olvido templaría el ansia del hidrópico ardimiento, curaba yo mi corazón sediento con estorbarle lo que apetecía. Y viendo el daño, que el remedio hacía, ningún alivio le aplique violento, esperando que obras el escarmiento todas las experiencias que sabía. Y del mal que causaba la belleza, sin quitar el veneno de los labios, con la frecuencia conseguí el hastío. O Lesbia, cuánto debo a mi flaqueza! Fui con facilidad de tus agravios, volví con liviandades a ser mío.