- LXXVIII - Hace memoria y de la parte en que tuvo principio su amor Este es el Templo, Filis, y este el día, en que ya tu poder, o ya tu ruego, obró el milagro de quitar a un ciego la tiniebla de ausencia, en que vivía. Aquí vio tu hermosura mi osadía, aquí entregó a las llamas el sosiego, y le hospedó tan apacible el fuego, que se alumbraba el alma, y no se ardía. Y pareció piedad de la belleza entonces, que a sus llamas entregado, no quedarse en cenizas convertido. Y fue traza cruel de su aspereza, por hacer el castigo más pesado, no matarme de amor, sino de olvido.