- LXXXII - Consuelo engañoso de la ausencia Niégueme a vuestros ojos celestiales mares y montes de soberbia llenos; y en vuestra ausencia, de remedio ajenos, sienta mi vida los prolijos males. Que si gran ira y gran amor, iguales merecen el castigo, por lo menos podremos vernos en oscuros senos, más allá de los límites mortales. Pero si yo, de mucho amar la pena, y vos, de mucho aborrecer, debemos, esta esperanza lisonjera miente, que a pagar cada culpa se condena en diferentes orbes, y tendremos para penar estancia diferente.