- LXIII - A un incendio de la casa del señor Duque de Uceda Suerte fue, no prodigio, que eligiera la fortuna, o a ciegas encontrara espléndida materia en que formara, si no festiva, casual hoguera. Para que el corazón, a quien no altera la novedad de contingencia rara, el estrago improviso reparara, como si culpa el accidente fuera. Así por el valor, que coronado de virtudes heroicas oprimida la envidia, reverente las aclama. Cuanto ya fue ceniza, restaurado para resplandecer a nueva vida, como el Fénix: renace de la llama.