- XLVII - Despídese arrepentido de la ceguedad de su pasión, ofreciendo firmeza a otro cuidado (Falta el último terceto en el original.) Quédate, Lesbia, a dispensar barato, lo que insaciable, y frágil solicitas, anégate en el cieno que ejercitas, parecido a tu pecho, y a tu trato. No usurpes la fineza, no el recato, que con opuestos términos limitas, deja de amor las glorias infinitas a la Deidad, que las suspendo ingrato. Y tú, Celia Divina, en mi accidente lo irracional perdona del sentido, que con torpes halagos se conforma.