- LXII - Dos amantes ausentes se soñaron juntos Soñando yo, pensé, que no dormía, y Celia imaginó, que no soñaba, ella, que a mi deseo se fiaba, y yo, que su belleza merecía. La unión que a nuestras almas asistía, al sentido inferior se trasladaba, que los dos corazones animaba, y sus alas solícito batía. Con vuelo igual de la fingida gloria, el término llegó al postrer empeño, y la dulce ilusión desaparece: Pero dejó gustosa la memoria el suceso feliz, que si fue sueño, cuando el pasado bien no lo parece.