- LXXXIV - A un incendio grande que hubo en el Colegio de Santo Tomás, convento de religiosos dominicos Vuestro Templo, Señor, arde violento, al laurel de Tomás se han atrevido centellas materiales y encendido lo que del rayo se juzgaba exento. Será que con castigo tan sangriento, de los delitos nuestros merecido, misterioso querréis, que hayan tenido en la sinceridad el escarmiento. Que inicuo fuera en el juicio humano, librar al delincuente la sentencia, y hacer del inculpable la justicia. Sólo en vuestro decreto soberano es justo, que padezca la inocencia, para que se redima la malicia.