- XXIV - La respuesta Las almas nunca duermen, Celia mía, y el sueño en los sentidos retirado, del Templo a tu hermosura consagrado, no puede suspender la idolatría. Pierde de su violencia la porfía, el amoroso fuego en mi cuidado, y así como en su centro sosegado, ni me quema la llama, ni ella enfría. No atiendas del incendio misterioso, como es tranquilidad y no tibieza. Arder, y sosegar en llamas pura. Que el afecto de celos temeroso, es humana pasión, y tu belleza en su divinidad está segura.