- LXXIX - A una dama en cuya presencia ataron a un hombre que la tenía ofendida Si sepultarse respectivamente, de ningún fuego artificial tocado, Filis, el infelice fulminado, era superstición, pero decente. Como el castigo, que al rigor clemente de tu deidad estaba destinado (por el injusto disponer del Hado) a sacrílego brazo se consiente? Permitiendo a la culpa, que había sido de tus divinos rayos prevenida, profano ejecutor de tus enojos. Mísero amante, siempre desvalido, que ni a tus ojos defendió la vida, ni mereció la muerte de tus ojos.