- XXXIV - Reconoce alivio en su mal con alguna luz del desengaño Ya Lesbia, tus lisonjas en mi pecho hacen menos atroces los estragos, y en tus infieles labios los halagos algo de los encantos han deshecho. Y ya la unión del éxtasis estrecho, en que confusos los alientos vagos, de gozo celestial eran amagos, deleite rudo, y material se ha hecho. Ya en mi ciega noticia restituyes lo que de humana me negó el engaño, y algún defecto, que se hurtó al juicio. O tú, Deidad, que en la razón que influyes enciende más la luz del desengaño, y anima al humo de mi sacrificio.