- XLVIII - A un amigo que, teniendo vencida la voluntad, excusaba cobardemente la ejecución Aquel que pudo, Fabio, aquel que pudo llegar en la constancia a tal estado, que del lazo interior más apretado, cuando no le desata rompe el nudo. Este a los hados superior, desnudo de los afectos, viva recatado, tema el encanto del semblante amado, que dulce mueve, y persuade mudo. Y tú que a las pasiones te rendiste, no fuerces de cobarde el apetito, añadiendo martirio al vencimiento. Que quien la ejecución sola resiste, no excusa lo culpable del delito, y malogra el poder del escarmiento.