- LXXXV - En la indisposición de Su Majestad que sucedió a una peligrosa enfermedad de la Reina Nuestra Señora Baste el susto, Señor, que vuestra vida no es toda vuestra, para aventurada; cuando el amor la empeña despechada, la Corona la pide defendida. La luz, que sino pudo oscurecida, se vio con accidentes de turbada; ya que la defendisteis arriesgada, no la desamparéis restituida. Al corazón enfermo el vuestro disteis, y estando la dolencia vencedora, se embarazó su fuerza con el arte: El golpe, como amante, recibisteis, mirad por la salud de Rey ahora, no lleve la fineza nuestra parte.