- CIII - En ocasión de haber quemado una dama el papel que escribía a su galán, por quemar el que él le había escrito a ella Dicha fue de mi fe contra tu incendio la contingencia del papel trocado, que cualquiera consuelo imaginado puede desvanecer mi pensamiento. No porque mire mi cobarde aliento a la esperanza con semblante osado, ni que afloje las cuerdas al cuidado, es lisonja, que pido a mi tormento. Por poner al incendio mis finezas, (que estando ellas ardiendo en fuego eterno no las pudiera ocasionar recelo). La llama consumió tus asperezas con agüero feliz, porque el engaño mostró, que puedes encender el hielo.