Soneto Hoy, muerte, porque yo esperaba el fruto, de un árbol tierno cortas los despojos; cierras con manos de ébano unos ojos a quien pagó de luz el sol tributo. Cubres el cielo, y con razón, de luto, la tierra deja flores, viste abrojos; llora el alba de nuevo sus enojos, y el sol nos muestra el triste rostro enjuto. Mas yo mi vida, y no su muerte, lloro; que la vida en su ausencia no me alegra, y ellos verán a Dios eternamente. ¡Ay claros ojos, ay cabellos de oro! Que ya la noche de la muerte negra esconde vuestro sol en occidente.