Soneto ¿Qué fiera Alejo de cruel veneno entró en mi pecho y me privó el sentido? ¿Qué frenesí de cólera encendido quitó a mi lengua temeraria el freno? ¿Cómo turbé, Señora, tu sereno cielo, sin ser de rayos oprimido, pues soy gigante bárbaro atrevido, y no escarmiento en el ejemplo ajeno? Rayos, Señora, de tu cielo bajen; pagaré con mi muerte el mal que debo, y moriré contento en noche oscura; porque a mirar la luz aun no me atrevo del sol; que desprecié su hermosura en ti, Señora, como en propia imagen.