Soneto ¡Oh más de mí que el céfiro estimado, húmedo Noto! Tú, que al sol y al cielo con negros toldos y con pardo velo cubres el rostro azul, el crin dorado; Así nunca jamás el cierzo airado, barriendo nubes y arrojando hielo, te quite el manto, te ahuyente el vuelo, de espesas lluvias y del mar hinchado. Que en la sondas levantes alboroto, y aquella nave en quien mi bien navega la traiga al puerto tu animoso aliento. Oye mi justo ruego, fresco Noto: Mas ¡ay! ¿qué fruto aguarda quien le entrega sus lágrimas al mar, su ruego al viento?