Soneto Segundo honor del cielo cristalino, pues ves que al sol con sombra ahuyenta la noche, y que, cargada de tormenta, añade confusión a mi camino. Muestra el poder del resplandor divino, y aquestos montes con tu plata argenta, venga a tu hermano, y a la noche afrenta, y válgame tu lumbre, peregrino. Así en el mar te mires siempre llena, y el pastor a quien das abrazos tiernos no te desprecie por tener tres caras; que un blanco toro ofreceré en tus aras, que esparza con los pies la blanda arena, y hiera el aire con agudos cuernos.