Vivamus, mea Lesbia, atque amenus... Goza tu primavera, Lesbia mía, y el murmurar de los cansados viejos encomiéndalo al viento y los consejos de su trémula voz y lengua fría. Que aunque al ponerse el sol se apaga el día, vuelve a encenderse, y con divinos lejos pinta en los cielos de carmín bosquejos, oro en los montes con sus rayos cría. Mas el sol que en tus ojos amanece y en tus labios purpúrea competencia agora al alba y al clavel ofrece, la edad, con invisible diligencia, en el común ocaso lo oscurece; ¿cuándo tendrá para volver licencia?