Soneto Ven, que ya es hora; ven, amiga mía, querida noche, hija de la tierra, y pues el mar de España al sol encierra, tu negro carro por las sombras guía; mi ardiente fuego con tu hielo enfría, y de mis ojos el llorar destierra; pon dulce tregua a la forzosa guerra con que me aflige tu enemigo el día. Y si pretendes suspender mi daño, porque en tus faldas doble mi reposo, ¡oh noche! trae a mi señora ausente; mas ¡ay! triste de mí, que claro engaño! ¿cómo traerá la noche un sol hermoso, que a sus tinieblas con su luz afrente?