- XIX - Acto segundo, Blanca Noche, por ser oscura, a amor propicia, si acaso tus estrellas hechas ojos vieran que un hombre roba mis despojos, de aqueste yerro calla su justicia. Cintia divina, así de la avaricia de tu esposo Plutón y sus enojos, libren los cielos tus cabellos rojos, que calles si me roba el de Galicia. Paredes altas, no digáis las quejas que me hace dar el ciego amor que encierro si acaso tenéis lengua como orejas. Jardín, si de tus flores me destierro, no lo digáis a nadie. Duras rejas callad mis yerros, pues que yo soy hierro.