- XXX - De La adversa fortuna de don Bernardo de Cabrera. Acto primero, Lope Aquí soñé a veces un tesoro, que amarlo pude yo, no merecello; jacinto y cristal cándido y bello, perlas, rubíes y madejas de oro. Los ojos de la Infanta a quien adoro, los labios encendidos, el cabello, dientes menudos, torneado el cuello, que organiza una voz de ángel sonoro. La riqueza era mucha, yo su dueño, y en medio de esta buena suerte rompió el gallo la voz del león temido. ¡Oh, nunca despertara de este sueño! Que es un engaño regalada muerte, y el desengaño desdichada vida.