- XXII - De El clavo de Jael. Acto primero, Jael En el Deuteronomio, yo deseo, Dios de Abraham, si puedo sin ofensa, de tu divina ley, dar recompensa a Ever de la aflicción en justo empleo. Agradecida estoy a Ever Fineo; mas o se agravie tu deidad inmensa, pues para tu justicia no hay defensa; temo tu enojo y tu justicia leo. Tu, gran legislador Moisés divino, que a Dios hablaste con serena cara, muéstrame de estas dudas el camino. Milagros muestra tu divina vara; que al abrir una peña no imagino que iguale a una duda que declara.