A la fábula de Psiquis y Cupido, a don Juan de Vidarte La Ninfa que del Sol borró luciente uno y otro esplendor, y a quien rendido rayo menor se confesó Cupido aun del arpón armado más ardiente; la que triunfó de amor, y solamente (bien que sin fe) le mereció marido, la que el bulto atendiéndole dormido temió deidad al que creyó serpiente. Es hoy culto, Vidarte, mi argumento y vuestra protección, bien que la espuma no sin ejemplo vuelo teme errante. Mas si vos me inspiráis divino aliento, conservarán los ecos de mi pluma el dulcísimo pórfido, el diamante.