A la muerte de don Rodrigo Calderón En copia amarga de funesto llanto desata (o Caminante) el sentimiento, que informa miedos hoy tanto escarmiento, que lágrimas disculpa, ejemplo tanto, grave te avise, y te prevenga tanto. Desengaño a la vida, este sangriento, este helado castigo, que instrumento de la piedad se ostenta, y del espanto. No natural, violento sí, el destino (por ley impuesta) derribó homicida el uso indigno de su altiva suerte. Muriendo humano vivirá divino, pues el morir le ocasionó su vida, pues el vivir le aseguró su muerte.