A la muerte de doña María de Herrera, dama hermosísima de Alcalá Debajo, huésped, de esta losa fría no feudo no, violencia sí temprana o de la muerte a la segur villana la que deidad vivió, yace María. Sin privilegio cede al fatal día la caduca beldad, que soberana el ser sólo mortal tuvo de humana cuando la juventud mejor vivía. Suspenda el pie tu justa reverencia, o huésped, cuando el cielo a más reposo traslada su beldad heroicamente; Y el estorbo te admire sin presencia de ese pórfido, ya que religioso aun su hermosa quietud sagrado miente.