- XIII - Con sólo el resplandor de vuestro gesto y el son de las dulcísimas razones, ablandáis los más duros corazones, y el Sol hacéis para en sólo un puesto. Y no para la fuerza suya en esto, si no que al mismo amor ponéis prisiones, haciéndole quinientas sinrazones sin poderle mudar de presupuesto. En mí, extrañezas tales habéis hecho, que yo a mí mismo ya no me conozco, viéndome del que he sido tan trocado. El yo, que fui primero, está deshecho, al parece, por que otro reconozco, de sola vuestra mano fabricado.