- XXXI - De su casa a la iglesia le llevaron, Ginés de Pascual Mingo y Gil Manzano porque le dio su vez el escribano a quien para este fausto señalaron. La cruz nueva de plata aderezaron, que Pablo el sacristán sacó en la mano, y un hisopo de cerdas muy galano, con que el agua bendita rociaron. Estuvo al decir sí, la novia muda, y dijo el sacristán, que se mesura, que no hay domine que a hablar la venza. Un cuarto de hora tuvo el pueblo en duda, hasta que Sancha Téllez dijo al cura, en verdad no era cosa de vergüenza.