- II - Del tiempo, el movimiento acelerado, ni la más dura y enemiga, estrella, no me podrá quitar del alma aquella que tan al vivo, amor me ha dibujado. Y teniendo este bien, asegurado sin miedo y sobresalto de perdella, podré ser, por el bien que gozo en vella, de los más venturosos envidiado. En el alma la miro, estando ausente, porque jamás lo está su hermosura; de mí, ni lo estará hasta que muera. Y si fuera posible, eternamente, gozar tan rica suerte de ventura, eternamente el alma la quisiera.