- XXII - Soneto pastoril Domingo Gil el nieto del gaitero, andando de Benita resquebrado, una noche se fue por un tejado, a hablarle por encima del humero. Díjole hijo de puta, lo primero, y cual me traes Benita endemoniado, y respondió la niña, habéis mirado, habiendo más de una hora que te espero. Pues yo le doy mi fe si se engordara y no pasó de allí porque sintieron, los perros de Llorente alborotados. Y llena del hollín ambos la cara, cuantos aquella noche se dijeron, fueron todos requiebros ahumados.