- XIX - Bendita sea la hora y el momento, el fértil año, el mes, el punto, y día, en que yo pude ver el alma mía, renovada con nuevo mudamiento. Bendito, y venturoso aquel tormento, que el amor reservado me tenía, el arco y el aljaba do traía, la flecha con que causa el bien que siento. Benditas sean las voces que derramo, tan dulcísima pena publicando mis lágrimas, suspiros, y deseo. La llama sea bendita en que me inflamo, y las horas que paso suspirando, y el venturoso estado que poseo.