- VII - Dejo de suspirar porque recelo que siendo mis suspiros esparcidos, como del pecho, salen encendidos, abrasarán la tierra, mar, y cielo. Con llorar solamente me consuelo, y enternezco las piedras con gemidos, y están de esta manera, mis sentidos, sujetos a perpetuo desconsuelo. De la rabiosa muerte, tengo queja, que al Amor, agradezco la herida, con que penetró el alma de mi pecho. Lucida, sin razón morir me deja, y pues quiere que yo no tenga vida, moriré por su gusto, y mi provecho.