- VIII - Lucida, que sirvió quererme tanto si la gloria de verte, y el contento ha convertido tu desabrimiento en lástima, dolor, y eterno llanto. De ver como no muero, tengo espanto y el crudo amor, por darme más tormento quiere dar nueva vida, al pensamiento, para darme más pena, y más quebranto. Pues tú tienes poder para matarme, como lo tiene amor para ofenderme, tu mano de acabarme, no se extrañe. Yo moriré pues quieres olvidarme, y a ti no te da pena deshacerme, que si no espero bien, no hay mal que dañe.