- CXI - A la fingida fortuna Reina, (aunque ciega) injusta, los despojos, admite ya, de esta mi voz postrera, y no pretendas más, hasta que muera, que lágrimas me falten en los ojos. Dolores sí, tributaré a manojos; tormentos que en mí está como en su esfera; penas que canten, si la sienten fuera, lástima en mi favor, contra ti enojos. Del poderoso, allá, del levantado, puedes cobrar lo que prestarse pudo; allá, del que es tu súbdito obligado; Pon donde el cerco ayer, en do hay escudo esposas hoy, cadenas de un forzado, y a mí déjame absuelto por desnudo.