- LXIII - Luz verdadera Cual suele aquel que la encendida casa deja a las fuerzas de la llama impía; y expuesto el pecho a la corriente fría, se anega ardiendo; y anegando abrasa; tal la razón en la encendida brasa dejo del fuego, que tu luz me envía; y pongo (¡necio engaño!) el alma mía entre copia de lágrimas no escasa. Tantos errores, tantas sutilezas sigo, que está mi amor sobre la Luna, y de este humano busco las fierezas; si es voluntad, si es hado, o si es fortuna, no lo ser más pisando sus cabezas fuerte herí con el pie en la vista a alguna.