- XXVI - Conocimiento perfecto Dichoso aquel que de su techo amado lejos de la vulgar y ciega gente, con pecho firme, con serena frente, vive de amores, de ambición, purgado. Dichoso aquel que de su techo amado ve la Aurora nacer por el Oriente, dejando entre las flores, dulcemente, de su terneza y su color traslado. Macize el pecho de oro el Midas necio, sufra inconstante aliento a dulces labios, pues cosas tan vacías tienen precio. ¡Oh mil veces feliz, quien ya de agravios de una esperanza sale, en un desprecio! ¡Feliz quien ama el oro de los sabios!