- XLVI - O muerto, o vida Fénix que flechas me arrojáis mortales, ¿ya qué intentáis de aqueste amante reo? Vuestro es mi corazón, vuestro el deseo, causa de vuestros bienes, y mis males. Si los dolores a la fuerza iguales fueran, de la flaqueza, que poseo cerrara el triste labio, pero veo, que soy mortal, cual ellos inmortales. Cese un instante, ya, la llama ardiente; dejadme a vuestra sombra recostado, si sombra en tantas luces se consiente. Crezca el rigor, y acabe mi cuidado, dad lugar a que muera por valiente, o quede por cobarde aprisionado.