- XCVIII - Lloraba esta ausencia No regales la tierra, Fénix mía, con netas perlas, de tus bellos ojos que enriquecen el mar de mis despojos, y están pobres sus conchas de alegría. Antes salgan sus soles a porfía, enjugando del alma los despojos, y como en Cancro entre sus rayos rojos muera la noche, y resucite el día. Mas llora, sí, bien, llora, y de tal suerte mares serán mis ojos con tu llanto, que al ruido estreche su diluvio en medio. Pyrra en el monte a solas podrá verte, no se atribuya a este rigor espanto, que a tal dolor difícil, tal remedio.