- CXXII - Llanto conocido por último remedio Salid el suelo lágrimas regando, que cuanto más amargas y a porfía, seréis más claro honor, más alegría, a la alma triste que os está dictando. La mancha veis de aquel mi error lavando, y aun si dispensa la flaqueza mía veréis (¡cuán dulce!) alguna noche, y día manjar y lecho regalado y blando. Seco mi Soto, abrojos inquietos, en vez de fruto ostenta, en vez de flores otra luz que examina sus secretos. Fertilizad copiando mis dolores, y aquellos miembros troncos imperfectos, la fuerza mitigad de sus ardores.