- CVIII - A la envidia Hija mordaz de infames corazones, que haces cual Áspid de la flor veneno, y al esplendor de la virtud sereno, la oscuridad de tu tiniebla opones; delincuente cobarde, por traiciones atormentada, en el placer ajeno; injusta juzgadora, que al más bueno para tu mal entre cadenas pones. Muerte del mundo, que muriendo creces, imagen de las penas infernales; mucho te digo, pero más mereces. Aunque si bien reparo en tus señales, en lago a la justicia te pareces, que eres castigo de tus propios males.