- XIX - En la partida, hablando con Sierra Nevada Huyo de ti, porque eres poderosa, sierra, de helar al sol cuando te ofende y no de hacer la llama que me enciende o más voraz, o menos rigurosa. Huyo, porque entre nieves y entre rosa sobre tus faldas sus venenos tiende sierpe, si no se ve, que bien se entiende, sierpe a mi voz de oreja cautelosa. Quizá el puerto tendrá de Guadarrama o sierpes no, u orejas a mi ruego, quizá su nieve aplacará mi llama, y ya que no la aplaque en tanto fuego, pues llegaré difunto mar de fama, puerto será de mi mortal sosiego.