- XVII - Persuasión Traslada el curso de las rejas duro con sordos pasos a las blandas puertas, que, si pretendes las del alma abiertas, rotas las tiene ya mi llanto puro. Ya es pretérito el tiempo que, futuro, pudiera hacer mis esperanzas ciertas; las horas miro a mis espaldas muertas, que pretendí para vivir seguro. Abre las puertas, ángel riguroso, para que goce con descanso amigo, tras tormento de amor, de amor reposo; abre, si no las puertas, un postigo; abre, que amor no es mal contagioso ni es, aunque tira flechas, enemigo.