- II - Al peregrino ¿Dónde vuelas, soberbio pensamiento? Ícaro mozo, mi consejo espera: mira que al polvo humilde y blanda cera ni el sol perdona, ni respeta el viento. Fénix es sol, y su divino aliento la procelosa de Aquilón esfera; de cera y polvo tu porción ligera; teme, vuelve a la tierra, que es tu asiento. Pero sube, camina, no repares, rompa tu fuerza los contrarios vientos hasta ver de tu sol su luz a solas; que, si muerto cual Ícaro bajares, nombre darás al mar de mis tormentos y eterno vivirás entre sus olas.