- CIV - A don Diego Fernández de Córdoba, Señor de la Campana El valor de cobardes corregido, el corazón, y la derecha mano herida aquesta de un traidor villano, y aquel de un noble, por leal herido. Libre, desesperado, y ofendido, del yugo, gloria, y fuerzas del tirano, ya de fortuna (¡oh flaco aliento humano!) al incesable trabajar rendido. Estoy, (¡ved cuál! ajeno de venganza, que es mi ofensa mayor, que el enemigo, y que mi enojo el tiempo, y su tardanza. Y en tantos males, por remedio sigo del hado incontrastable la mudanza: Sentid don Diego, pues que sois mi amigo.