- LXXI - Quitósele de la ventana ¡Dadme un rayo de luz, oh sol hermoso! y al puto (¡ay triste!) que a mirar le llego la luz me quitas; y me das el fuego, que eres a un tiempo avaro, y generoso. Como entre sueño, y confusión dudoso me dejas, ya pensando, que estoy ciego; ya que en la zona helada, o que me entrego al círculo tostado caluroso. Ciego no estoy, pues que tu luz recibo; no estoy cerca del Polo, pues me abraso; ni junto al Sol, pues en tinieblas vivo. Esto, cansa mi amor, tu veloz paso, mi imaginar, y tu esplendor esquivo, que da una hora de Oriente, y mil de Ocaso.