- VIII - Quejas disculpadas Del áspero lugar la seca rama se querella, si al fuego la condena; la blanca vela, de la parda entena, si su tesoro el Aquilón derrama; si al coral falta su cerúlea cama, se altera enardecido en tierra ajena; el mal seguro leño en mar serena, gimiendo, al monstruo que le rige infama. Estos se quejan sin tener sentido, sin tener vida: pues que vivo, siento fuego en mi pecho, mares en mis ojos, la boca en aire y a la tierra asido, portentoso de amor soy vencimiento. Deja, Fénix, que sienta mis enojos.