- XXIII - Llegando de esta ausencia Salve, Fénix, honor de esta ribera, bien que afrenta del sol, salve, pastora, que haciendo pobre a la rosada aurora enriqueces la fértil primavera. Salve, serena luz que reverbera cuando el nublado Acuario triste llora, y cuando el Aries sus guedejas dora haces piedras ceniza y bronces cera. Salve, y perdona la tardanza mía, perdona el tiempo que he vivido ausente, si es que ausente de ti vivir podría, aunque sólo pensando estar presente el alma, como premio a su porfía vive en ti cuando en mí morir se siente.